Madurar…

¿Cuándo una persona se puede considerar “madura”?

Ya van dos mujeres que “sutilmente” me han dado a entender de que no querrían estar conmigo porque soy inmaduro, que a pesar de mi edad sigo comportándome como un niño, o que personas de mi edad hacen otras cosas más “maduras” o de adultos. Para peor, me dicen que mucha gente con mi misma edad, ya están casados, con hijos, con buen trabajo, auto y casa propia, y que yo a mi edad debería estar pensando en ese tipo de cosas, y tratar de involucrarme con gente de mi edad y no 10 años menor (o sea sutilmente me trataron de viejo).

Ahora, me llamó la atención todo esto que me dijeron, porque en lo personal creo que en el último par de años he crecido mucho, he aprendido de mis errores y he tomado nuevas responsabilidades. Tengo un trabajo que me ha durado harto más que los típicos dos meses de verano, y que no he querido dejar a medio camino como los otros. Tengo un plan de vida a futuro que sigue adelante sin contratiempos, y al cual me estoy aferrando con todas mis fuerzas para seguir creciendo. Sí, es verdad que sigo estudiando, pero siento que ahora veo la vida con otros ojos, ya no tanto como sueños de niño chico, sino como objetivos que me he propuesto alcanzar.

Pero luego me acuerdo de lo que me dijeron y me pregunto: ¿qué (más) se necesita para que a uno lo consideren maduro? ¿Qué tengo que hacer o dejar de hacer?

O peor aún: ¿existe algún estándar, alguna fórmula, alguna receta, pasos a seguir para poder madurar? ¿En qué momento uno se da cuenta como para decir “oh, ya he madurado”? ¿Alguna vez uno se da cuenta de eso?

¿O es todo un estereotipo de la sociedad?

¿O de cada persona?

Sería bueno que alguien me guiara en eso, porque la verdad es que no tengo idea…

(y no es bonito que te digan las cosas que me dijeron)

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Cosas que extraño

Ya van casi 8 meses desde que se terminó mi última relación, pero, a pesar del tiempo que ya ha pasado, no puedo dejar de pensar en las cosas y las sensaciones que extraño de estar con alguien. Extraño dar y recibir cariño y amor, extraño esos abrazos grandes y apretados que quieres que duren para siempre, extraño las noches de dormir abrazados y de hacer cucharita, las mañanas de flojear antes de tomar desayuno, los almuerzos con mucha conversación y risas, las maratones de series o de juegos, los mensajes tiernos en el whatsapp, las diferencias de opinión y el escuchar al otro, la necesidad de ver pronto a la otra persona cuando no está cerca, hacer el amor y todo lo relacionado con ello, el tener un hombro donde descansar o desahogarse cuando hay algo que te preocupa, el tener a alguien que sea tu cable a tierra y tu contención cuando piensas que todo está mal, el poder mirar a los ojos a esa persona y sentir el amor correspondido, los abrazos con cariñito en el pelo, el pensar en muchos panoramas para hacer juntos, caminar por la calle tomados de la mano, sacarse muchas fotos juntos, el tener alguien en quién confiar y contarle tu día a día, tus logros, tus proyectos y tus miedos… ¿ya mencioné extrañar los abrazos?

Y, a pesar de que yo soy una persona a la que le cuesta hacerse planes a futuro, también extraño el pensar en lo que podría ser la vida más adelante junto a alguien, imaginarse vivir juntos, aprender los gustos y las mañas del otro, compartir lo cotidiano, hacer juntos las cosas de la casa, pensar en viajar y conocer muchos lugares, en tener un hogar, agrandar la familia…

Llega un momento en que ya no es suficiente el cariño y la compañía que te puedan dar tus papás y tu familia, donde necesitas esa personita especial, esa persona que te apañe, que te quiera, y quiera compartir su vida contigo.

Extraño eso.

Vida rutinaria

Mi vida gira en torno a 3 cosas: la casa, el escritorio de mi computador, la universidad. El 99% del tiempo estoy en uno de esos tres lugares, o en camino a uno de ellos. Así ha sido mi vida en estos últimos 7 meses, así fue durante muchos años -excepto los últimos 3-, y a veces pienso que no tiene cara de que vaya a cambiar en los meses por delante.

Si, tuve mi tiempo de salir a carretear los fines de semana, pero como siempre me acostumbré a estar en la casa (ya sea por decisión propia o de ‘agentes externos’), mi tiempo de “carretero” terminó tan rápido como llegó. Fue bueno, lo reconozco, pero no lo extraño. Debe ser la costumbre. Nunca me gustó salir a carretear.

Últimamente, cuando estaba con mi ex que vive en Santiago, disfrutaba mucho el ir a verla porque, además de las razones obvias de estar con ella y todo eso, era como un punto de fuga, de desconexión, un escape a la rutina que ha sido siempre mi vida. Ahora que ya no tengo esa opción de desconectarme, siento que cada vez me estoy metiendo más en esto de la rutina, de que mi día a día esté siendo (tan) controlado en cuanto a ritmos, que no pueda demorarme media hora en tomar desayuno porque “hay cosas que hacer”, decidir un día almorzar a las 5 de la tarde “porque no son horas”, o que no pueda quedarme en pijama todo el día “porque la weli se enoja”.

Probablemente, una vez que termine de estudiar, tenga mi título y encuentre trabajo (ojalá en otra ciudad), seguiré en la misma rutina, y mi vida seguirá girando en torno a tres cosas: la casa, el escritorio de mi computador, y el trabajo. Total, ya estoy acostumbrado.

Y después me pregunto por qué siempre me encuentran un tipo tan aburrido y sin vida…

Planes a futuro

Me cuesta un montón poder responder cuando me preguntan cosas como ¿qué va a ser de tu vida de aquí a 10 años?. Siempre me ha costado mucho hacerme planes a largo plazo con mi vida.

Quizás la montonera de planes fallidos que he tenido han hecho que piense así. Me acuerdo que, cuando salí de cuarto medio y entré a la u (apenas con 16 años y medio), hice el medio plan de mi vida: entraría a estudiar Ingeniería en Obras Civiles, saldría como a los 22 años, y ganaría mucha plata porque en esa carrera se encontraba pega luego y se ganaba bien. Resulta que a los 4 años que entré, me di cuenta de que en realidad iba a dar bote con los ramos de O.O.C.C., y me cambié a Ingeniería Industrial.

De nuevo me hice un plan de vida: ya no saldría a los 22, sino que como a los 25, y seguramente iba a terminar trabajando en una empresa, probablemente en Santiago, en algún cargo de medio pelo para arriba, y ganando sus buenas lucas. Pero al final, a los 24 años no estaba terminando mi carrera, sino que estaba con depre (literalmente) porque veía que no avanzaba en la carrera y me estaba aburriendo de todo. Ahí vino el cambio a Ingeniería en Computación.

Ese cambio vino justo en el momento en el que comencé mi primer pololeo (si, a los 24 años -__-). Sucedió algo parecido con lo de los planes. Mi entonces polola estaba a punto de titularse, y luego de que comenzó a tener sus primeros trabajos, comenzaron en ella las típicas ideas de futuro en pareja. La verdad es que yo no quería hacerme muchos planes, ya que no tenía buenas experiencias previas haciéndome planes, pero igual de a poco empezaron a salir algunas ideas de lo que queríamos hacer y todo eso. Un poco más de tres años después, esa historia tuvo punto y final, y nada de lo que habíamos pensado sucedió. De nuevo “planes” que nunca resultaron.

Algo parecido pasó con mi segundo (y hasta ahora último) pololeo, aunque ella fue más comprensiva con mis no-planes a futuro. Siempre que brotaban los pensamientos a futuro, las cosas que nos gustaría haber hecho, yo siempre terminaba con un “algún día podremos”… Me aguantó lo más que pudo, pero finalmente (y es totalmente comprensible) se aburrió de esperarme. Cuando me cambié a Ingeniería en Computación, mi plan a futuro era terminar la carrera a los 30 años o antes… pero de nuevo no fue así, y ahora con 31 años llevo poco más de dos meses en mi nueva experiencia universitaria.

Recuerdo que una vez el psicólogo de la u me preguntó “¿cómo te ves de aquí a 5, o a 10 años?”, y siempre eran respuestas como “no sé, supongo que estudiando, o supongo que trabajando, no tengo idea”. Nada claro. Durante los últimos años, mis “planes a futuro” (al menos los académicos) sólo se remiten a pasar los ramos que tenga en el semestre. Mirar desde ahí en adelante se me hace demasiado difícil.

¿Será que me paso demasiadas películas con lo que vaya a pasar?

O quizás simplemente es miedo… miedo al fracaso, miedo a que todo se vuelva a repetir.

Diferencias de edad

En mis (muchos) años de estudiante, desde que estaba en el colegio hasta mi más reciente nueva aventura en el Inacap, solo durante un par de años (por allá por el 2007-2008) estuve entre compañeros que fueran de mi misma edad.

Y fue una de las mejores etapas que viví.

Pasa que siempre fui 2 años menor que el resto de mi curso, desde primero básico, pasando por todo el colegio hasta cuarto medio, hasta los primeros años de la universidad. Y por eso es que siempre me sentí como “fuera de foco” respecto a los demás: tenía otros gustos, estaba viviendo cosas que ellos ya habían pasado, o ellos hacían cosas que yo aún no podía por mi edad. De hecho siempre me acuerdo de que una vez, en la gira de estudios de finales de 3ro medio, casi nos dejan afuera de una disco al curso entero, porque yo ni siquiera cumplía los 16.

Luego vino la U, y fue un poco más de lo mismo, aunque igual el ambiente era distinto. Como que no me sentía cómodo, y a ratos sentía algo de rechazo “por ser tan chico y estar donde estaba”. Muchas veces tuve que mostrar mi cédula de identidad porque no creían la edad que tenía. Y puta que odiaba eso, lo odiaba con mi alma. Me hacía sentir como que estaba en un lugar que no me correspondía.

Cuando me cambié a Industrial en el 2006, tuve quizás la mejor época de mi vida en cuanto a amistades. Casi todos éramos de la misma edad, con gustos parecidos, armábamos grupos de estudio, hacíamos juntas en la casa de alguno, celebrábamos cumpleaños sorpresa, jugábamos al amigo secreto en Navidad, etc. Incluso, en esa época fue la única vez en mi vida en que he hecho un carrete para mi cumpleaños, y fue lo más bacán del mundo.

Pero luego me fui quedando atrasado en los ramos, y comencé a tener compañeros 2 o 3 años más jóvenes. Después me cambié a Computación, y para mi era terrible saber que tenía clases con niños 8 o 9 años menores, y era inevitable pensar que, cuando ellos estaban en 4to básico, yo estaba saliendo de 4to medio.

En Computación fui de pocas amistades. Nunca tuve un grupo con la confianza como para volver a hacer lo que hacía con aquel grupo de niñ@s de Industrial. Siempre pensando en que no me pescaban o que no estaba en la misma onda porque era más viejo. Siempre extrañé (y sigo extrañando) esas juntas post-clases que podían extenderse hasta cuando llegaba el auxiliar a echarnos porque ya era tarde.

Ahora que me cambié a Inacap, tengo clases con niños hasta 13 años menores que yo. Cabros que estaban en kinder cuando yo estaba dando la P.A.A. para poder entrar a la u. Y a veces me vuelvo a sentir muy “fuera de foco”, por la edad, por los gustos, por las personalidades. Quizás sintiendo lo mismo que sentían mis compañeros de colegio cuando me veían más chico, salvo que esta vez, la diferencia de edad ya es exagerada.

De aquel grupo de industriales es casi nada lo que sé ahora. Perdí contacto con casi todos cuando me fui a Computación. Algunos ex-compañeros hasta me han hecho clases en la u. La gran mayoría ya están titulados, trabajando, con familia, lejos.

Y yo, aquí, aún quejándome por los años.

Desahogos…

A veces me dan ganas de desahogarme y escribir cosas más personales, que no las podría escribir en mi página principal (www.conejof1.com) porque esa página está más dedicada a mi mundo simracer (aunque la actualizo poco, pero bueno…).

Por eso decidí abrir un nuevo blog, un poco más personal, donde pueda de vez en cuando escribir cosas de mi vida diaria, desahogos, cosas que pienso, cosas que me pasan, etc. Solo espero ser un poco más constante en postear cosas, y que no me pase lo mismo que con mi página de simracer, que la actualizo cada 2 meses…

Saludos!